Capítulo 5

Sombras en la pared

Reflejos que No Vuelven

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Mateo se despierta con la luz tenue del amanecer filtrándose por las cortinas de su habitación. El recuerdo de la conversación con Elías y el libro antiguo que le entregó aún pesa en su mente, pero hay algo más inmediato que capta su atención: las sombras que se proyectan en la pared al otro lado de su cuarto. Durante días había estado obsesionado con el reflejo en el espejo, pero esta mañana, al mirar con detenimiento, nota algo inquietante en esas siluetas oscuras que acompañan sus movimientos.

Se levanta y camina hacia la ventana, dejando que la luz del sol bañe su rostro mientras observa cómo su sombra se desplaza en la pared. Al principio, todo parece normal: el contorno de su cuerpo se refleja fielmente en cada movimiento. Sin embargo, cuando levanta lentamente la mano derecha, la sombra tarda un instante más en seguir el gesto, como si estuviese atrapada en un eco temporal, retrasando su respuesta.

Intrigado, Mateo decide experimentar. Extiende sus brazos, flexiona los dedos, inclina la cabeza; cada vez, la sombra responde con un ligero retardo, y en ocasiones parece deformarse, mostrando ángulos que no corresponden a sus movimientos reales. Un escalofrío le recorre la espalda. ¿Acaso la anomalía del espejo se extiende a la sombra? ¿Qué significa que su propia sombra no le siga con exactitud?

Con cautela, se acerca a la pared y toca la sombra proyectada. La luz y la oscuridad parecen encontrarse sin resistencia, pero lo que más le llama la atención es que la sombra no se distorsiona con el contacto. Sin embargo, cuando mueve el dedo que toca la sombra, la imagen oscura no sigue el movimiento con la precisión esperada, como si tuviera voluntad propia o un desfase temporal diferente.

Mateo se sienta en el suelo, apoyando la espalda en la fría pared, y comienza a repasar mentalmente todo lo que ha descubierto hasta ahora. El espejo, el reflejo con sus gestos tardíos y no siempre fieles, y ahora las sombras que parecen tener vida propia o, al menos, un comportamiento extraño. La línea entre lo real y lo reflejado se vuelve borrosa y frágil, casi como si estuviera al borde de romperse.

Decide entonces revisar el libro que Elías le entregó. Lo abre con cuidado, pasando las páginas amarillentas hasta dar con un capítulo que habla sobre fenómenos relacionados con la luz y la sombra, y cómo en algunas culturas antiguas se creía que las sombras eran proyecciones de un alma alternativa, una existencia paralela que cohabitaba con el cuerpo físico.

Mientras lee, un ruido sutil lo distrae. Levanta la vista y observa que su sombra se ha separado ligeramente de la pared, como si flotara en un espacio intermedio. En ese instante, la sombra levanta una mano y hace un gesto que Mateo no ha realizado. Para su sorpresa y temor, el gesto parece una invitación, un llamado silencioso desde esa otra presencia oscura que comparte su habitación.

El corazón de Mateo late con fuerza. No sabe si lo que está viendo es real o producto de su mente alterada por la incertidumbre y el miedo. Sin embargo, siente que debe responder, que hay una conexión profunda entre él y esa sombra que se comporta de manera independiente.

Se levanta con dificultad y extiende la mano hacia la sombra, imitando el gesto que esta hizo. La sombra se acerca un poco más, y por un momento, Mateo tiene la sensación de que puede tocarla, de que la barrera entre su mundo y el de esa sombra es más delgada de lo que imaginaba.

De repente, la sombra retrocede y desaparece en la penumbra del cuarto. Mateo se queda mirando la pared, ahora vacía, con una mezcla de fascinación y angustia. ¿Está esto relacionado con el espejo roto? ¿Con el libro que Elías le entregó? ¿O es simplemente un juego de luces y sombras producto de su imaginación?

Decide que debe investigar más, pero también sabe que no puede hacerlo solo. Elías parece ser la única persona que comprende la magnitud del fenómeno, y quizás pueda ayudarlo a entender qué está ocurriendo con su reflejo y sus sombras.

Antes de salir de la habitación, Mateo mira nuevamente el espejo especial que Elías le dio. Algo en su superficie brilla tenuemente, como si también estuviera respondiendo a la presencia de esas sombras inquietantes. En su interior, el joven siente que está atrapado en un misterio que va mucho más allá de lo visible, un enigma que podría cambiar su percepción del mundo y de sí mismo para siempre.

Mientras se prepara para buscar a Elías, una última sombra se desliza por la pared, esta vez con movimientos precisos y sincronizados, como si estuviera observándolo y esperando el momento adecuado para revelar su secreto. Mateo sabe que su vida ha cambiado para siempre, y que las sombras, al igual que los reflejos, guardan secretos que él apenas comienza a descubrir.

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