Capítulo 7

La advertencia

Reflejos que No Vuelven

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Mateo se sienta de nuevo frente al espejo especial que Elías le entregó, sosteniéndolo con una mezcla de esperanza y temor. La habitación está sumida en una penumbra apenas interrumpida por la luz tenue que se filtra por la ventana. Observa atentamente su reflejo, buscando alguna señal que pueda aclarar el misterio que lo consume desde semanas atrás. Sin embargo, esta vez, no ve solo su imagen replicando sus movimientos con ese extraño retraso o distorsión; nota algo nuevo, una presencia detrás de su reflejo que parece observarlo con atención.

De repente, una figura apenas visible se forma en la superficie del espejo. Es un rostro borroso que no pertenece a Mateo, con ojos penetrantes que parecen querer comunicar algo urgente. La figura abre la boca y una voz casi susurrada, como un eco distante, le dice: "Detén lo que haces. No cruces el límite que separa nuestro mundo."

El corazón de Mateo late con fuerza. Intenta responder, pero la voz se desvanece antes de que pueda pronunciar una palabra. El reflejo vuelve a ser solo él, pero la advertencia queda grabada en su mente con una claridad inquietante. Mateo siente un escalofrío recorrer su espalda; la sensación de ser observado se intensifica y la atmósfera en la habitación parece cargada de una energía invisible y perturbadora.

Decide alejarse del espejo y caminar por la habitación, tratando de ordenar sus pensamientos. Se pregunta quién podría ser esa figura y qué significado tiene la advertencia. ¿Es una amenaza? ¿Un aviso benevolente? La incertidumbre lo abruma. Recuerda las palabras de Elías sobre la fragilidad de la barrera entre su mundo y el reflejado, pero nunca imaginó que pudiera recibir una comunicación tan directa.

Mateo vuelve a mirar el espejo, esta vez con más cautela. Coloca el espejo especial sobre una mesa y observa cómo la luz juega en su superficie. De repente, una sombra se desliza detrás de él, pero cuando se gira, no hay nadie. ¿Es su sombra o algo más? La línea entre la realidad y lo reflejado se vuelve cada vez más difusa, y la sensación de que algo está a punto de suceder crece en su interior.

En las siguientes horas, Mateo intenta continuar con sus experimentos, pero la advertencia pesa en su mente, frenando su impulso. Cada vez que intenta hacer un gesto frente al espejo, siente una resistencia invisible, como si el reflejo mismo se negara a colaborar. Esto lo desespera y lo llena de dudas sobre hasta dónde debe llegar en esta investigación.

Mientras tanto, a través de la ventana, las luces de la ciudad parpadean en la distancia, y un viento frío se cuela por las rendijas, llevando consigo un susurro apenas audible que parece repetir la advertencia: "Detén lo que haces." Mateo se pregunta si está perdiendo la razón o si realmente hay fuerzas que intentan protegerlo o impedir que descubra la verdad.

Esa noche, antes de dormir, escribe en su diario con mano temblorosa: "Hoy recibí una señal. Una advertencia. No sé quién o qué la envió, pero algo me dice que esto es más grande y peligroso de lo que pensé. ¿Debería detenerme? ¿O seguir adelante, sin importar el riesgo?"

El silencio de la habitación lo envuelve, pero la inquietud permanece. Mateo sabe que está en un punto de inflexión. La línea que separa su realidad de la del reflejo se estrecha, y cualquier paso en falso podría cambiarlo todo. La advertencia resuena en su mente, pero la curiosidad y la necesidad de comprender lo que está sucediendo lo empujan a no rendirse, aunque el peligro sea cada vez más palpable.

Mientras apaga la luz y se acuesta, siente que en el espejo, aún en la oscuridad, una sombra se mueve con vida propia, observándolo. La noche será larga, y el misterio, más profundo que nunca.

Mateo permanece inmóvil en la oscuridad, sus párpados apenas cerrándose mientras su mente recorre una y otra vez el mensaje que ha recibido. La advertencia, tan nebulosa como amenazante, parece haberse impregnado en el aire mismo de la habitación. Pero algo más llama su atención: un leve destello proveniente del espejo, una luz que no debería estar allí en la penumbra. Se incorpora lentamente, el corazón latiéndole con fuerza, y se aproxima con cautela. Al posar la mano sobre la superficie fría, siente un cosquilleo extraño, casi eléctrico, que recorre sus dedos.

Con un suspiro, decide desafiar el temor que lo paraliza. Frente al espejo, comienza a realizar movimientos sutiles, pequeñas variaciones que antes no había probado: una sonrisa que se demora, un parpadeo lento, una inclinación leve de la cabeza. Nada parece fuera de lo común hasta que, de repente, el reflejo no replica una de sus pestañeadas. Mateo se queda helado, los ojos fijos en la imagen que ahora le devuelve una mirada vacía, sin parpadeo.

El silencio se hace aún más denso. A pesar de la oscuridad, la figura en el espejo parece cobrar una presencia tangible, como si estuviera esperando algo, o a alguien. Mateo siente que la habitación se estrecha, que el aire se vuelve pesado, y que ese segundo de retardo se ha convertido en una grieta por donde se filtra una verdad que no comprende del todo.

De repente, la puerta de su cuarto se entreabre apenas, y una figura se asoma. Mateo no la reconoce de inmediato; es una mujer de rostro sereno, con ojos que parecen brillar con una inteligencia profunda. Sin decir palabra, ella sostiene en sus manos un libro antiguo, cubierto de símbolos que Mateo nunca ha visto. Sin embargo, en ese instante, él sabe que ella puede tener respuestas, o al menos alguna pista para entender lo que está ocurriendo.

La mujer entra y se sienta frente a Mateo, sin apartar la mirada del espejo. "No todo lo que ves es lo que es," dice con voz firme pero amable. "El reflejo no es solo imagen: es puerta y prisión. Y tú has comenzado a abrirla."

Mateo siente cómo las palabras calan hondo, despertando una mezcla de miedo y fascinación. El misterio no solo se ha expandido, sino que le ha presentado a alguien que parece haber recorrido ese camino antes. Mientras la noche avanza, y la ciudad continúa su pulso lejano, Mateo sabe que está más cerca de la verdad, aunque esta se le escape entre las sombras del reflejo.

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