Capítulo 10 · ~6 min
El pacto silencioso
Reflejos que No Vuelven
En la penumbra tenue de su habitación, Mateo se encuentra frente al espejo especial, sus ojos fijos en la imagen que le devuelve. La figura que observa no es un mero reflejo; parece tener vida propia, una sombra casi tangible que desafía la lógica. La habitación está en silencio, salvo por el latido acelerado de su corazón y el leve susurro del viento que se cuela por la ventana entreabierta.
Después de días de observar y de experimentar con pequeños movimientos, Mateo siente que necesita algo más, un compromiso que trascienda la simple imitación. Intenta establecer un pacto, uno que no requiera palabras, pues sabe que el mundo que habita al otro lado del cristal no responde a la comunicación convencional. Se concentra profundamente, buscando una conexión más allá del espejo, un intercambio de intenciones que ambos puedan comprender.
Con un gesto lento y deliberado, levanta la mano derecha, los dedos extendidos pero sin movimiento brusco. Su reflejo, por un instante, parece esperar, como si midiera la propuesta. Y entonces, con un retardo apenas perceptible, la mano reflejada se eleva para encontrarse con la suya, los dedos tocando el vidrio con una presión tenue, casi reverente. En ese contacto sin contacto, Mateo siente una corriente eléctrica que recorre su brazo, un puente invisible que conecta dos realidades.