Capítulo 3
Sospechas y Celos
Desde que formalizaron su acuerdo, Alejandro no puede evitar fijarse en cada mirada que Sofía atrae cuando están juntos en público. Hoy, en la cafetería donde ella trabaja, sus ojos se posan con cierta inquietud en un cliente que, con una sonrisa franca, intenta llamar la atención de Sofía mientras ella sirve su café. Alejandro siente un nudo en el estómago, una mezcla de sorpresa y una punzada inesperada de celos que no sabe cómo manejar.
Sofía, por su parte, se esfuerza por mantener la compostura. Sabe que su relación con Alejandro es un pacto necesario, no un romance, y que cualquier distracción podría complicar sus vidas aún más. Sin embargo, la mirada intensa que recibe del CEO cada vez que alguien más se le acerca la hace sentir observada, juzgada y, en cierto modo, limitada.
En la oficina, Alejandro no puede apartar la imagen de aquel hombre sonriente acercándose a Sofía. ¿Cómo es posible que, en tan poco tiempo, su esposa de papel comience a atraer la atención de otros? ¿Acaso él no es suficiente? La idea le resulta absurda y, sin embargo, la envidia le golpea con fuerza. Decide que debe proteger lo que ahora es suyo, aunque solo sea en apariencia.
Esa tarde, cuando Sofía regresa a la oficina para revisar algunos documentos del contrato, nota la tensión en la mirada de Alejandro. Él evita su contacto visual, pero sus manos aprietan con fuerza el borde del escritorio, como si luchara contra un impulso invisible. Sofía siente un escalofrío. ¿Será que él está empezando a sentir algo más allá del acuerdo? ¿O es solo el peso de las circunstancias?
Ambos se mantienen firmes en sus posiciones, repitiéndose la necesidad de mantener las reglas claras. No hay lugar para sentimientos, no ahora. Pero el aire entre ellos se carga de una electricidad sutil y peligrosa, como si cada palabra contenida fuera una chispa a punto de encender un incendio.
En los días siguientes, Alejandro comienza a observar más de cerca los movimientos de Sofía, no con la fría objetividad que pretendía, sino con un celo que lo desconcierta. En una reunión, cuando un colega masculina se acerca para felicitarla por su trabajo en la cafetería, Alejandro siente un impulso irracional de interrumpir y reclamar la atención de su "esposa".
Sofía, por su parte, se siente atrapada en una red invisible. Quiere ser profesional, quiere mantener el control, pero las miradas de Alejandro, a veces llenas de reproche y otras de una extraña ternura, la desconciertan. No sabe si debe alejarse para evitar complicaciones o acercarse para entender qué está pasando realmente entre ellos.
Una noche, después de una cena formal para sellar el acuerdo ante testigos, Alejandro se queda mirando a Sofía mientras ella habla con naturalidad. Es la primera vez que realmente la observa sin la máscara de indiferencia que suele usar. En ese instante, una pregunta invade su mente: ¿qué pasaría si este matrimonio de conveniencia dejara de ser solo un contrato? Pero rápidamente se reprende, recordando las reglas, la necesidad, y el dolor que ambos podrían evitar si mantienen la distancia.
Sofía, al despedirse, siente que algo ha cambiado. Las palabras formales, las reglas estrictas, se han visto amenazadas por una corriente subterránea de emociones que ninguno de los dos quiere admitir. Sin embargo, ambos saben que deberán enfrentar esas sensaciones tarde o temprano, porque el pacto que los une ya no es solo un acuerdo frío y calculado. Es un terreno peligroso y desconocido.
Esa noche, mientras Alejandro revisa documentos en su despacho, no puede evitar pensar en Sofía y en lo que representa para él más allá del contrato. Los celos, hasta ahora un sentimiento desconocido para él, se han instalado con fuerza, obligándolo a cuestionar sus propias barreras emocionales.
Sofía, en su pequeño apartamento, mira una foto de su madre y se pregunta cómo podrá proteger lo que ha conseguido sin perderse en el proceso. El matrimonio de conveniencia que firmaron no solo les ha dado una solución temporal, sino que ha abierto puertas a emociones que ninguno esperaba y que ahora deben aprender a manejar con cautela.
La tensión entre ellos es palpable, un hilo invisible que los une y los separa al mismo tiempo. Ambos saben que el verdadero desafío apenas comienza: mantener el equilibrio entre la frialdad del contrato y la calidez que poco a poco emerge entre ellos, sin dejar que los celos y las sospechas destruyan lo que han construido con tanto esfuerzo.
Al día siguiente, Alejandro decide acercarse a Sofía con una actitud menos rígida. En la cocina de la oficina, mientras ella prepara su café habitual, sus miradas se cruzan y por un instante, el aire se llena de una complicidad inesperada. Sin decir una palabra, Alejandro le ofrece una sonrisa que Sofía corresponde tímidamente. Ese pequeño gesto rompe parte de la barrera invisible que habían construido alrededor de sí mismos.
Más tarde, durante una reunión de trabajo, Alejandro no puede evitar notar cómo Sofía maneja con destreza una situación complicada con un proveedor. Su profesionalidad y calma despiertan en él un respeto genuino, mezclado con una admiración que se niega a ocultar. Por primera vez, siente que ella no es solo su esposa de conveniencia, sino una persona con quien podría compartir más que un simple contrato.
Sofía, por su parte, se sorprende al descubrir que Alejandro no es el hombre frío y distante que siempre imaginó. Sus pequeños gestos, sus miradas fugaces, revelan una vulnerabilidad que ella no esperaba. Sin embargo, se resiste a dejarse llevar completamente, recordando la razón por la que aceptó este matrimonio y las reglas que acordaron para protegerse.
Al caer la noche, ambos coinciden en el salón de la casa que ahora comparten. Sin que medie palabra, un silencio cómodo se instala entre ellos. Alejandro se acerca y, con una voz suave, sugiere que tal vez podrían intentar entenderse mejor, sin la presión del pacto que los une. Sofía asiente, consciente de que ese paso podría cambiarlo todo.
En ese instante, el frío contrato parece ceder ante la calidez de una conexión que, aunque frágil, promete abrir nuevas posibilidades. Sin renunciar a sus miedos ni a sus razones, ambos deciden dar un pequeño paso hacia lo desconocido, conscientes de que el verdadero desafío será mantener ese equilibrio delicado que ahora comienza a formarse entre ellos.
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